El Madrid "sorprendido" con la actuación del Celta.
Costó sacarle una sonrisa a
Zinedine Zidane a pesar de la importantísima victoria conseguida minutos antes
en un campo complicado y ante un rival incansable. Nadie no se juega nada a
estas alturas en la Liga ,
como quedó claro en Vigo. Al vestuario blanco le llegó un susurro del
contrario: 200.000 euros por cabeza habrían tenido de
incentivo los jugadores celestes. ¿Verdad? ¿Chivatazo provocador?
En el autobús blanco camino del aeropuerto no se hablaba de otra cosa.
Apretó
el Celta al Madrid durante 75 minutos, incluso con
un hombre menos, se enfadó su banquillo mucho con el árbitro y
su hinchada con Cristiano, con Sergio Ramos, con los aficionados blancos de
Balaídos... La segunda parte acabó en embrollo importante del que salió el
nuevo líder del campeonato acariciando el título.
Un
punto, nada más. Un punto que puede ser un mundo si se especula en La Rosaleda , como recordó el
técnico francés, exhausto a pesar de la goleada. El resultado decoró una cita
áspera, intensa y de golpes cruzados. "No nos convenía la ida y vuelta,
estuvimos mejor en la segunda parte", reconocía ZZ,
sonriendo sólo cuando le preguntaron por su cara seria. La Liga le está quitando la
salud después de meses de presión, de final tras final por la sombra del Barça
y los despistes propios. Ahora, en Málaga, no
necesita más que un empate el Madrid para volver a ganar la Liga después de cinco años.
Un pasito corto que vendrá envuelto en las próximas horas de fantasmas
tinerfeños. "No quiero pensamientos negativos", insiste el jefe de un
vestuario excitado por el doblete imposible desde 1958. El primer título, el
campeonato doméstico, ya está a tiro.
"Sabemos
que el Málaga es un equipo fuerte. Debemos pensar en nosotros. Ir allí a ganar.
Es siempre el objetivo de este equipo. Tenemos que demostrar que somos mejores
y queremos ser campeones'', recordó Cristiano
Ronaldo, el mejor jugador blanco en una de las noches donde se
decidía la temporada. Sus dos remates de zurda encauzaron un encuentro que
todavía tendría curvas cerradas que gestionar. Queda
a un gol de los 40 esta temporada (404 en su historia en el Madrid).
Su
voraz apetito anotador viene en este final de curso acompañado por una
respuesta física notable, donde brilla la mano de su entrenador. Nada que ver
con lo de anteriores primaveras. Le pidió mesura Zidane para llegar a mayo como
un tiro. Así está, él mismo lo reconoce. "El míster hizo una gestión muy
buena este año. Me ha guardado un poco más este año para estar mejor al final
de temporada. Sólo hay que pensar en el domingo. Luego tenemos 15 días para
preparar la final de Champions. Lo más difícil ha sido abrir el marcador. Soy
humano y puedo fallar también", reflexionó sobre un fallo al final, al
mandar fuera el hat
trick casi a puerta vacía. Guasa de Balaídos que miró él con
cara de pillo. Al instante salió
del campo amenazado por la amarilla que le dejaría fuera de La Rosaleda. Isco , misma circunstancia, también siguió su
camino.
Publicación de el periodico El Mundo

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